La corona

Actualizado: 19 ene

Para entender al humano, primero deberíamos analizar qué es lo que nos convierte en ese término que denomina a un ser en especial. Podemos hacer énfasis en lo sentimental, como el amor, el odio, la tristeza entre otras cosas. Pero hay algo fundamental que todos tenemos lo aceptemos o no. ¿Alguna vez te has preguntado qué significa el poder? No te pido una definición de memoria, o la explicación de la escuela ni tampoco meternos en el barro tratando de unir palabras en una oración extensa. Pondré un ejemplo y tratare de ser directo. Empecemos con otra pregunta, ¿sabes cuánto pesa una corona? Ignora la materia que conforma tal objeto y no me interesa si es adornada por plata, por oro u otro mineral. Olvídate del peso en sí, de lo que nos referimos cuando utilizamos esa palabra para calcular la masa física de dicho material.


Oye, mírame a los ojos y suelta el papel y arroja la lapicera por la ventana. No hace falta una ecuación matemática ni dejarse llevar por una marea de conocimiento que te arrastra como un tsunami. ¿Acaso las ideas, o simples opiniones de un x tema, también tienen peso? Repito, verlo de una forma matemática llegamos a una conclusión absurda donde todos compartimos el punto de vista. Donde hay un ejercicio y una prueba esperando ser corregida. No te pido que te levantes de la mesa y que dejes que tu docente te castigue y te repruebe la materia. Es importante, de vez en cuando. Pero hay ciertas ocasiones donde nos movemos por impulsos, llámalos naturales o como prefieras. La triste idea de pensar en el peso de una corona es innecesaria convertir la respuesta en una cuenta matemática. Aquí no hay corchetes, ni más ni menos. Solo hay un simple entendimiento.


Podemos hacerlo durante horas y seguir lanzándote ejemplos para que comprendas mi punto de vista, la forma en que yo veo la realidad. Y si me atrapaste. Odio la matemática, pero no porque sea incorrecta, o muy verdadera. Si no por el simple hecho de que no puedo entenderla. Es exacto como lo siento, lo comparo con una corona y aun así no comprendo su peso. Dice la leyenda que el que la porta habla con Dios. Y apoya en sus hombros la salvación de la humanidad. Pero tampoco es la idea, meternos en la religión y decir desde dentro que es lo que nos espera. Es fácil, piensa y reflexiona ¿cuál es el peso exacto de una corona?


Es como correr en círculos y nunca atrapar la respuesta. Es ubicar en nuestra cabeza un mineral procesado, adornado por gemas para darle la impresión al resto que somos más de lo que alguna vez fuimos. ¿Sabes qué? Creo que me estoy mareando. Me detendré un rato. Correr en círculos solo provoca náuseas y un fuerte dolor en las piernas. Es como la vida, que corre de la muerte, y no comprende que son el mismo agente. No puede albergar tanto poder, un objeto sin vida que solo reluce a base de lo que la gente diga. ¿Seré exquisito si quiero una? ¿Será un estilo de moda? Creo que interesa el poder que confiere y aun no comprendemos a lo que se refiere. ¿Qué evita, que un soldado asesine a su monarca? ¿O que un policía dispare y mate al presidente con una sola bala? ¿Son escalones? ¿Una forma de llegar al cielo? Es un estilo de vida que condena lo ajeno y nos pone en un pedestal ante el resto.


Y que me importa, si los demás me critican. Como todo humano aun busco esa avaricia, esa tremenda codicia. Que nubla la vista que corrompe el alma. Que nos arrastra por una marea de lava. Que asesina la mente como arraiga el cuerpo. Pasa el tiempo y no lo vemos. Es en un trono, en una casa rosada. Donde descansa una corona ya malgastada. Y no me vengan que tienen el derecho. Cuando solo nos diferencia lo que consideramos perfecto. Es una vida llena de lujos, dejando que otros naden en las inmundicias de lo que la corona te da y te quita. ¿Darías tu vida, tu alma y hasta tu esencia por portar algo que ningún humano entienda? Tal vez no tiene peso, y arrojamos la ecuación a la basura. Probablemente la corona desaparezca porque solo forma parte de una idea. Por un poder que muchos no alcanzan en su vida.


Y la mano dura de una docente que llevaba ciertos años en el colegio golpea fuertemente el banco y me quita la prueba. Lo único que escribí que llamo su atención era una imagen y una pregunta, ¿Cuánto pesa una corona?


“Muchos diríamos que no, por orgullo o humildad. Pero debemos aceptar que es algo natural el hecho de sentir tanto poder y reclamar algo como propio y terminar pisando al otro. Por eso me indigna, me llena de tristeza el hecho de haberme planteado la idea de una corona, y cuanto pesa”.


¿Sera verdad que nuestra naturaleza desea obtener cierto poder a merced de una corona?







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