Las dos caras de la moneda

Actualizado: 19 ene

Es loco si lo piensan de esa manera. Aunque en verdad existen cosas más locas en esta vida. ¿Cómo le hago entender a mi psicólogo, que el humano es como una moneda? Tal vez el no piense así, en mi mente es como la ciencia, donde las pruebas y la evidencia están de mi lado. Pero cuidado, porque existe un Dios, solo que no es humano, ni tiene figura. Vigila desde sus reinos como nos guiamos por un sendero, donde varios nos perdemos, y contamos cuantas estrellas mueren por la noche, cada vez nos alejamos más. En mi mano, llevo esa moneda, vuela y luego cae de nuevo, la gravedad hace su trabajo, pero es tan simple como el lápiz al tocar la hoja. Entender que todo es materia, que todo lleva su fórmula química, y tiene una representación que se comprende por la lógica, por la ecuación matemática. Llevo el pedazo de metal pequeño hasta mi mano derecha, al tocar la moneda siento como brilla, como rejuvenece mi piel, como una descarga eléctrica que revive el alma y me despierta en un mundo físico, donde mi cuerpo no es más que la materia que me rodea.


La mirada del hombre con gafas se posa en mí, hago bailar las luces con solo mirarlas, e imagino un sendero lleno de fiesta, de tanta gente que no desearía estar en otro lado. Mis amigos, y mi familia por otro lado. ¿Acaso existía algo mejor? Pero cuando ella gira, y cambia su lado, todo se torna oscuro. No es aquella sensación, que estoy cayendo, en un vació absoluto, porque yo lo soy. Ya no soy la materia, lo que moldea la vida, la figura enérgica que baila al compás de la melodía. Ya no escucho la guitarra, el ruido de las cuerdas al rozarlas con las uñas, o el dulce sonido del violín que su música viaja con el viento, una orquesta completa formada por la gente que siempre me quiso que siempre me amo. Cuando se dio vuelta la cara, y la moneda perdió su resplandor, el ambiente entero se tornó de un color muerto, uno oscuro sin esencia.


Ahí aparece ella, vistiendo como siempre, un vestido largo de color blanco. Es ella, la que aparece cuando llega el momento, cuando la vida acaba, no es la imagen de una parca, o de la hoz y la calavera maltratada. Es dulce, suave a la vista, con ojos preciosos que me recuerdan los mares, las inmensas olas que caen con violencia, pero se forman con amor y dedicación. Pues gracias a ella, tenemos el sentimiento, reflejamos lo que amamos y lo que odiamos, gracias a ella poseemos la vida porque luego llega y nos la quita. No es su culpa, tampoco la nuestra, es un ciclo, que termina, pero luego comienza. Sin ella no seriamos nada, vagaríamos como autómatas, por un mundo rodeado de sentimientos, no habría razón absoluta, no existiría la lógica en el ciclo de la vida, o la teoría que trato de explicarles. Ya sé que es confuso, pero denme tiempo, tengo solo una hora, y esta vez no subiré el precio.

Escuchen el silencio, presencien la nada, porque la verdad esta oculta, y hay que encontrarla. Como detectives, con la gorra y el cigarro. Estudiamos sus pasos, revisamos las pruebas, nos vamos moviendo según muestra la evidencia. Tantos culpables, se acerca la fecha, ¿salvaremos a la víctima? ¿Saldaremos nuestra deuda? No me malentiendan, ni lo piensen demasiado. Ella no les pedirá nada a cambio. Ya que no hay justicia, ni gorra ni cigarro, no es necesario que sigamos sus pasos. Es un sendero, debemos iluminarlo, como una moneda, que vuela por lo alto, es un sentido, que surge de la vida y llega a su fin, cuando ella decida. Cuando perdí a mi abuela, o falleció mi tío, le eché la culpa, exigí un juicio. La acuse de asesina, la señale con el dedo, pero luego me di cuenta, que estaba en lo incorrecto. Luego la enjuiciaron, vilmente la encerraron, y con ella se llevaron todo lo que una vez me hizo humano, pero entre todas las cosas me dejo una moneda, y una enseñanza que es eterna.



El olor al tabaco me despierta, mi mirada seguía centrada en una moneda de dos caras, y aquel hombre de mirada seria pero astuta, deja de observar su libreta y me mira con gentileza. Por debajo de su barba se asoma una sonrisa, una leve. Sacude el habano y mueve el cenicero, acompaña mi mirada y por un segundo quedo hipnotizado, levanto la vista y después de cuarenta minutos de sesión me dirige la palabra.


- Vamos, ¿Qué esperas? arrójala de nuevo termino el psicólogo largando el humo del tabaco con una sonrisa en su rostro.




“La moneda es la representación exacta del ser humano, porque muestra sus dos facetas, en donde actúa la vida, y luego la muerte, refleja aquel ciclo que nunca termina. Es la imagen en metal propio, del sentimiento puro, y no importa si lo negamos, pasara tiempo, hasta que podamos aceptarlo”.









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