Bajo la lluvia

Actualizado: 19 ene

Son esas veces que intentas cerrar tu mente al mundo entero. Es sacar la cabeza por la ventana, bajarse del auto en plena ruta y subir a lo alto del edificio más largo. Ha pasado año tras año. Y creen que hablando dos veces a la semana se ha solucionado. No interesa si el sujeto no progresa, mientras uno lo anota en su libreta. ¿Acaso lo has notado? Delante de ti hay un ser humano. Y perdóname si no sigo tu juego, estoy perdido, necesito tiempo. No es algo que se cura hablando, por más que nuestro ser nació con tal regalo. Es en ese entonces, cuando siento la energía y la vida te acorrala para que caigan las mentiras. Son gotas que caen en tu rostro y noto en su sonrisa que expulsas todo. Las malas vibras, esa energía negativa, puedo ver en tus ojos que tu naturaleza no es amiga del odio. ¿Y sabes que sucede? Hay algo que viaja, la conexión es la mente. Es un puente donde transitan las ideas, es un escape de una realidad perversa.


Es allí donde entra la fantasía. Cuando dejamos que nuestros miedos desaparezcan y nazca la belleza. Porque como negar que es otra vía. Realizamos nuestras tareas y acomplejamos una vida que la bañamos de irrealidades que tal vez jamás existan. Y sinceramente ya no me interesa la guerra, ver al hombre matar sin pena. Como un sujeto alza una tienda donde vende almas y trafica ideas. Ya no me importa, que sucederá con el humano, mientras te vea a ti danzando a mi lado. Es en plena calle, bajo la lluvia. Cuando nuestras almas se unen, y matamos las dudas. Y fue entonces que toco tu cara, siento como los ángeles cantan y los demonios atacan. Es una droga, una medicina dejo que mi mente vague y nada la limita. Porque nacen mundos, miles de vidas. Y tú no eres nada comparado a la inmensidad que se avecina cuando hay tanta gente que ya no es sumisa.


Tengo pesadillas, todos los días. De que algún día ya no haya lluvia, y el humano se extinga. Somos como plantas, ¿lo has pensado? Si no regamos nuestro cuerpo, comenzaremos a marchitarnos. Por eso es la ducha, la higiene primero y ahora viene a mi mente, mis días de polluelo. Como toda ave que deja su nido, creo que es hora de darme por vencido. Porque te sigo buscando, después de ese día cuando por primera vez sentí la lluvia, y vi en ti una cara divina. Pero tranquila, que aún hay tiempo. Solo necesito un par de consejos. Ya no escucho lo que dice el larguirucho. Ese tipo de anteojos grandes y una libreta. Que aún lo intenta, y eso me apena. Ver el alma de otra persona desde una realidad alterna. Es cuando la objetividad gobierna, y nos convertimos en máquinas, ¿eso es lo que buscamos? ¿Matar el sentimiento? ¿Lo que nos hace humanos?


Al diablo con todos. Aun siento la energía, bajo la lluvia donde mis heridas cicatrizan. No fui a la guerra, no luche por mi país. Solo peleo bajo un nombre, nadie más que mí. Ya que somos un ente, como el cuerpo a la tierra, como el alma al cielo. Y créeme que lo siento, si no comprendes el juego. Bajo la lluvia lo siento, y te invito a hacerlo. Pero ten en cuenta, que no todos progresan. Que muchas veces el resultado es la inversa. Porque donde la vida triunfa, y muere la locura, en la calle se escucha un disparo bañado en gotas.


Y mientras mi sangre se esparce, por los pecados que me acechan. Encuentro agonía bañado en mis penas. Y la lluvia me abraza, la gente se acerca y llama la ambulancia. Pero ya no importan, el ruido de las sirenas se apaga al igual que la luz que entra por mis ojos. Toco con mi mano la cara de ella, expiándome de un problema. Le explico susurrando que he sido malvado, y que muchas veces he lastimado y que ahora encuentro mi final, bajo la lluvia de mis propios pecados.


“Me han dicho que bajo la lluvia es cuando nos conectamos a un poder celestial. Una magia exorbitante comienza a rodearnos recordándonos una vez más nuestra mortalidad. Y es entonces cuando repasamos nuestra vida, y bajamos la guardia para que la bala termine llegando sin aviso”.


¿Qué despierta en cada uno este cuento?




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